La batalla de los cien toneles
La batalla de los cien toneles: cuando Jerez se convirtió en leyenda.Hay historias que merecen más que un rincón en los libros: claman por ser contadas con entusiasmo, copa en mano y una sonrisa cómplice.
Hoy, desde "Jerez desde adentro", revivimos aquel episodio legendario donde la guerra, el vino y la humanidad cruzaron caminos de la manera más jerezana posible.Imagina la escena: dos mil soldados británicos persiguen a un puñado de españoles, pero se detienen, incapaces de entablar combate. La razón no es la fuerza rival, es otro enemigo: el caos… y el mismísimo vino de Jerez. Sí, en esta tierra no solo se gana con la espada, sino también con la copa.Los británicos, derrotados antes de empezar, encontraron en una casona nada menos que cien toneles de vino. Algo así como el sueño (o pesadilla) de cualquier inglés en el sur. El general, creyendo que un poco de vino calmaría los ánimos, autorizó el festín. Lo que siguió fue digno de sainete: soldados tambaleándose, cantando desinhibidos, y otros tirados bocarriba, tan borrachos como para no saber si estaban en Tavistock o en la cuesta del Espíritu Santo.Y mientras tanto, los españoles observaban con esa mezcla de asombro y divertida ironía tan nuestra. Ni falta les hizo pelear; el enemigo se auto-aniquiló entre brindis. Testimonios hablan de oficiales imposibilitados de dar órdenes, y de centinelas que abrían puertas al grito de “¡A beber, que el mundo se acaba!”. El resultado: los nuestros, medio incrédulos, ganaron sin mancharse las manos.
Este episodio lo narra un británico, Richard Peecke, sobreviviendo milagrosamente a la experiencia y regresando a Inglaterra, no para contar una historia de heroísmo, sino la del ejército inglés más borracho que pisó campo jerezano: ese que fue vencido, no por la pólvora, sino por el irresistible embrujo del vino de Jerez.Así se forjan las leyendas entre nuestras calles: entre la derrota y la risa, el desastre y la celebración. Si alguna vez ves a un grupo de británicos cantando en un tabanco, recuerda: aquí, las guerras se ganan con duende… y con vino.Fuentes: fragmentos seleccionados del relato de Julian Jeffs y de las memorias del soldado Richard Peecke, extraídos de los textos que ilustran esta singular batalla de Jerez.
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