La batalla de los cien toneles

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La batalla de los cien toneles: cuando Jerez se convirtió en leyenda.Hay historias que merecen más que un rincón en los libros: claman por ser contadas con entusiasmo, copa en mano y una sonrisa cómplice.  Hoy, desde "Jerez desde adentro", revivimos aquel episodio legendario donde la guerra, el vino y la humanidad cruzaron caminos de la manera más jerezana posible.Imagina la escena: dos mil soldados británicos persiguen a un puñado de españoles, pero se detienen, incapaces de entablar combate. La razón no es la fuerza rival, es otro enemigo: el caos… y el mismísimo vino de Jerez. Sí, en esta tierra no solo se gana con la espada, sino también con la copa.Los británicos, derrotados antes de empezar, encontraron en una casona nada menos que cien toneles de vino. Algo así como el sueño (o pesadilla) de cualquier inglés en el sur. El general, creyendo que un poco de vino calmaría los ánimos, autorizó el festín. Lo que siguió fue digno de sainete: soldados tambaleándose...

EL ANTIGUO CEMENTERIO DE SANTO DOMINGO DE JEREZ

 


A través del Catalejo           

                  
   

         

 

      El 3 de Abril de 1787, Carlos III emitió una Real Cédula por la cual los cadáveres no podían ser inhumados en los templos.




 

     Los enterramientos en las iglesias habían surgido en los siglos XII y XIII, cuando empezaron a hacerse algunas exenciones acerca de no solo enterrar a clérigos dentro de las iglesias sino también a personas que “lo merecieran”, para acabar enterrando a todos los feligreses. Hasta entonces, en el interior de las iglesias los difuntos eran enterrados en las fosas propias de su familia, en fosas comunes, o en fosas para las hermandades y gremios. El clero tenía instalado su propio osario en una zona privilegiada de la iglesia, cerca del presbítero o en torno al altar mayor.

 


     En el siglo XVIII las iglesias estaban ya tan masificadas que en algunas resultaba imposible realizar ningún enterramiento más. Pese a ello, existía un tipo de cesión por parte de los particulares que podían cedérselos a otros si no iban a hacer uso de la sepultura. También se incautaban las tumbas que estuviesen en desuso: en cada festividad de Todos los Santos el sacristán recorría acompañado de un notario todo el templo, certificando las sepulturas que estaban iluminadas y las que no. Si pasaban tres años consecutivos en los que se apreciaba la falta de cuidado de la sepultura, esta se incautaba, se vaciaba y se cedía a otro beneficiario.

 

     La perspectiva del Estado de llevar todos los enterramientos fuera de los templos residía principalmente en el punto de vista higiénico: durante todo el siglo se utilizaron políticas de prevención para desterrar el riesgo de epidemias controlando el tráfico portuario, utilizando el alcantarillado, la recogida de basuras de la calle, pero el enterramiento dentro de las iglesias, en el centro de las poblaciones, seguía siendo un riesgo para la salud pública.

 


     Se dispuso la construcción de los cementerios fuera de las poblaciones, siempre que no hubiera gran distancia de ellas, en sitios ventilados y cercanos a las parroquias, pero distantes de las casas de los vecinos. Así, se aprovecharon como capillas de estos cementerios las ermitas que existían fuera de los pueblos.

 

     Sin embargo, la aplicación de esta norma se dilató en el tiempo bastantes años, comenzado el siglo XIX, ya que la falta de presupuesto de las parroquias como la resistencia de los feligreses a usar este nuevo método de enterramiento fueron retrasando su puesta en funcionamiento. En 1799 Carlos IV volvió a impulsar la ley de su padre, aduciendo además que los templos debían ser lugares limpios y puros por respeto y veneración a Dios, por lo que su uso como osarios los convertían en depósitos de podredumbre. En 1804 fueron designados una serie de comisionados para que se empezara la construcción de cementerios en todo el país.

 

     El culto hacia los muertos debía quedar garantizado por el gobierno, por lo que se erigieron capillas anexas a los cementerios para celebrar las misas, la ubicación de las sepulturas al lado de estas capillas, y respecto a los nobles, se les permitieron construir panteones para que sus huesos no se mezclaran con los de la plebe. Además, se dispuso que “para quitar el horror que pudiera ocasionar la reunión de tantos cadáveres, se procurará plantar árboles propios de aquel sitio, que sirvan de adorno con su frondosidad”.

 

     El Cementerio de Santo Domingo en Jerez, fue construido en 1834,cuando dio la luz una epidemia de cólera, que causó aquel año la friolera de cerca de 2.400 defunciones, muchas muertes para un Jerez que por aquel entonces contaba con cerca de 45.000 habitantes.







    Se instaló el cementerio al final de la calle Santo Domingo, en aquella época no había nada más. Posteriormente se construyeron numerosas edificaciones, así pues, estaba situado entre, justo detrás del Instituto Padre Luis Coloma y junto a la plaza de toros y barriada La Constancia y la antigua bodega Williams Humbert, actualmente desaparecida. Hoy estaría comprendido entre las calles Santo Domingo, Avenida de México y calle Ventura Nuñez “Venturita”. (Ver fotos).




  







Inicialmente fue un cementerio católico, más tarde se amplió al protestantismo. Desde siglos atrás era destacada la presencia en la ciudad, y su zona, de un grupo de personas relacionadas con el comercio de vinos y de religión protestante, En 1864 y a petición de un grupo de destacados británicos, como Charles H. Furlong, Walter Buck, Joseph Warter, Wiliam Wilson, Richard Davies, Jorge Suter, Alexander Williams, George Wilford, C. Noble, Peter Mackenzie, el Ayuntamiento de Jerez adopta las medidas pertinentes y encarga al arquitecto municipal, José de la Coba, la portada y cerca de dicho cementerio. Desde 1871 ya hay constancia, en los libros de enterramientos del Archivo Municipal, de esta área de los no católicos del cementerio general de Santo Domingo. 

     En su interior había mausoleos gran valor.​ A mediados del siglo XX se reemplazó por el Cementerio Nuestra Señora de la Merced, el actual. Fue mandado a construir en 1936 por el Ayuntamiento al arquitecto Fernando de la Cuadra, en la carretera de Estella, con idea de reemplazar al anterior de Santo Domingo. Fue inaugurado en 1945. ​Posee una superficie de 114.040 metros cuadrados y en 2011 fue remodelado. ​ Y de nuevo en 2017​.

     En los años 80 del siglo XX las máquinas entraron a saco en el antiguo Cementerio  derribando mausoleos, esculturas, lápidas, escudos, etc. Una actuación de difícil explicación desde el punto de vista de la conservación del patrimonio que conllevó la pérdida irreparable de arte funerario decimonónico de gran valor artístico, que se perdió para siempre.

     Sobre los terrenos del antiguo cementerio se han construido a lo largo de todos estos años bloques de pisos (Torres de Córdoba, Edificio Huelva y otros muchos, además de muchos comercios y un parque, Parque Scouts). ​


Torres de Cordoba

Parquet Scaut


     Hace unos años haciendo obras en el Parque Scouts se descubrió una fosa común de fusilados en nuestra Guerra Civil, en ella estaban los restos de los que fueron los primeros represaliados.

     Las fuerzas militares sublevadas llegan al ayuntamiento y obligaron al entonces alcalde republicano, Antonio Oliver Villanueva, a entregar el poder legal. Este accedió con la promesa de que no se derramaría sangre. No le hicieron caso y pocas horas después comienza el horror, detenciones, sacas, paseos, torturas y ejecuciones en distintos puntos de la ciudad destacando como lugares de fusilamientos la Plaza de toros, el Alcázar y las tapias del antiguo cementerio de Santo Domingo.


Plaza de toros


     En los años 70, del siglo pasado, debido al crecimiento de Jerez, los restos que estaban del antiguo cementerio de Santo Domingo fueron trasladados al nuevo cementerio de La Merced, pero  se desconoce si los restos de los represaliados los trasladaron o no, por lo que es muy posible que puedan seguir allí. Esperando a ser encontrados y enterrados como se merecen y puedan así descansar en Paz.

Enrico Bombolini.

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