EL ANTIGUO CEMENTERIO DE SANTO DOMINGO DE JEREZ
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A través del Catalejo
El 3 de Abril de 1787, Carlos III emitió una
Real Cédula por la cual los cadáveres no podían ser inhumados en los templos.
Los
enterramientos en las iglesias habían surgido en los siglos XII y XIII, cuando
empezaron a hacerse algunas exenciones acerca de no solo enterrar a clérigos
dentro de las iglesias sino también a personas que “lo merecieran”, para acabar
enterrando a todos los feligreses. Hasta entonces, en el interior de las
iglesias los difuntos eran enterrados en las fosas propias de su familia, en
fosas comunes, o en fosas para las hermandades y gremios. El clero tenía
instalado su propio osario en una zona privilegiada de la iglesia, cerca del
presbítero o en torno al altar mayor.
En el siglo
XVIII las iglesias estaban ya tan masificadas que en algunas resultaba
imposible realizar ningún enterramiento más. Pese a ello, existía un tipo de
cesión por parte de los particulares que podían cedérselos a otros si no iban a
hacer uso de la sepultura. También se incautaban las tumbas que estuviesen en
desuso: en cada festividad de Todos los Santos el sacristán recorría acompañado
de un notario todo el templo, certificando las sepulturas que estaban
iluminadas y las que no. Si pasaban tres años consecutivos en los que se
apreciaba la falta de cuidado de la sepultura, esta se incautaba, se vaciaba y
se cedía a otro beneficiario.
La
perspectiva del Estado de llevar todos los enterramientos fuera de los templos
residía principalmente en el punto de vista higiénico: durante todo el siglo se
utilizaron políticas de prevención para desterrar el riesgo de epidemias
controlando el tráfico portuario, utilizando el alcantarillado, la recogida de
basuras de la calle, pero el enterramiento dentro de las iglesias, en el centro
de las poblaciones, seguía siendo un riesgo para la salud pública.
Se dispuso
la construcción de los cementerios fuera de las poblaciones, siempre que no
hubiera gran distancia de ellas, en sitios ventilados y cercanos a las
parroquias, pero distantes de las casas de los vecinos. Así, se aprovecharon
como capillas de estos cementerios las ermitas que existían fuera de los
pueblos.
Sin
embargo, la aplicación de esta norma se dilató en el tiempo bastantes años,
comenzado el siglo XIX, ya que la falta de presupuesto de las parroquias como
la resistencia de los feligreses a usar este nuevo método de enterramiento
fueron retrasando su puesta en funcionamiento. En 1799 Carlos IV volvió a
impulsar la ley de su padre, aduciendo además que los templos debían ser
lugares limpios y puros por respeto y veneración a Dios, por lo que su uso como
osarios los convertían en depósitos de podredumbre. En 1804 fueron designados
una serie de comisionados para que se empezara la construcción de cementerios
en todo el país.
El culto
hacia los muertos debía quedar garantizado por el gobierno, por lo que se
erigieron capillas anexas a los cementerios para celebrar las misas, la
ubicación de las sepulturas al lado de estas capillas, y respecto a los nobles,
se les permitieron construir panteones para que sus huesos no se mezclaran con
los de la plebe. Además, se dispuso que “para quitar el horror
que pudiera ocasionar la reunión de tantos cadáveres, se procurará plantar
árboles propios de aquel sitio, que sirvan de adorno con su frondosidad”.
El Cementerio de Santo Domingo en Jerez,
fue construido en 1834,cuando dio la luz una epidemia de cólera, que causó
aquel año la friolera de cerca de 2.400 defunciones, muchas muertes para un
Jerez que por aquel entonces contaba con cerca de 45.000 habitantes.
Se instaló el cementerio al final de la
calle Santo Domingo, en aquella época no había nada más. Posteriormente se
construyeron numerosas edificaciones, así pues, estaba situado entre, justo
detrás del Instituto Padre Luis Coloma y junto a la plaza de toros y barriada
La Constancia y la antigua bodega Williams Humbert, actualmente desaparecida.
Hoy estaría comprendido entre las calles Santo Domingo, Avenida de México y
calle Ventura Nuñez “Venturita”. (Ver fotos).
Inicialmente fue un cementerio católico, más tarde se amplió al protestantismo. Desde siglos atrás era destacada la presencia en la ciudad, y su zona, de un grupo de personas relacionadas con el comercio de vinos y de religión protestante, En 1864 y a petición de un grupo de destacados británicos, como Charles H. Furlong, Walter Buck, Joseph Warter, Wiliam Wilson, Richard Davies, Jorge Suter, Alexander Williams, George Wilford, C. Noble, Peter Mackenzie, el Ayuntamiento de Jerez adopta las medidas pertinentes y encarga al arquitecto municipal, José de la Coba, la portada y cerca de dicho cementerio. Desde 1871 ya hay constancia, en los libros de enterramientos del Archivo Municipal, de esta área de los no católicos del cementerio general de Santo Domingo.
En su interior había mausoleos gran valor. A mediados del siglo XX se reemplazó por el Cementerio Nuestra Señora de la
Merced, el actual. Fue mandado a construir en 1936 por
el Ayuntamiento al arquitecto Fernando de la Cuadra, en la carretera
de Estella, con idea de reemplazar al anterior de Santo Domingo. Fue
inaugurado en 1945. Posee una superficie de 114.040 metros cuadrados y
en 2011 fue remodelado. Y de nuevo en 2017.
En los años 80 del siglo XX las máquinas entraron a
saco en el antiguo Cementerio derribando
mausoleos, esculturas, lápidas, escudos, etc. Una actuación de difícil
explicación desde el punto de vista de la conservación del patrimonio que
conllevó la pérdida irreparable de arte funerario decimonónico de gran valor
artístico, que se perdió para siempre.
Sobre los terrenos del
antiguo cementerio se han construido a lo largo de todos estos años bloques de pisos
(Torres de Córdoba, Edificio Huelva y otros muchos, además de muchos comercios y
un parque, Parque Scouts).
![]() |
| Torres de Cordoba |
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| Parquet Scaut |
Hace unos años haciendo
obras en el Parque Scouts se descubrió una fosa común de fusilados en nuestra
Guerra Civil, en ella estaban los restos de los que fueron los primeros represaliados.
Las fuerzas militares
sublevadas llegan al ayuntamiento y obligaron al entonces alcalde republicano,
Antonio Oliver Villanueva, a entregar el poder legal. Este accedió con la
promesa de que no se derramaría sangre. No le hicieron caso y pocas horas
después comienza el horror, detenciones, sacas, paseos, torturas y ejecuciones
en distintos puntos de la ciudad destacando como lugares de fusilamientos
![]() |
| Plaza de toros |
En los años 70, del
siglo pasado, debido al crecimiento de Jerez, los restos que estaban del
antiguo cementerio de Santo Domingo fueron trasladados al nuevo cementerio de
La Merced, pero se desconoce si los restos de los represaliados los
trasladaron o no, por lo que es muy posible que puedan seguir allí. Esperando a
ser encontrados y enterrados como se merecen y puedan así descansar en Paz.
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