La batalla de los cien toneles

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La batalla de los cien toneles: cuando Jerez se convirtió en leyenda.Hay historias que merecen más que un rincón en los libros: claman por ser contadas con entusiasmo, copa en mano y una sonrisa cómplice.  Hoy, desde "Jerez desde adentro", revivimos aquel episodio legendario donde la guerra, el vino y la humanidad cruzaron caminos de la manera más jerezana posible.Imagina la escena: dos mil soldados británicos persiguen a un puñado de españoles, pero se detienen, incapaces de entablar combate. La razón no es la fuerza rival, es otro enemigo: el caos… y el mismísimo vino de Jerez. Sí, en esta tierra no solo se gana con la espada, sino también con la copa.Los británicos, derrotados antes de empezar, encontraron en una casona nada menos que cien toneles de vino. Algo así como el sueño (o pesadilla) de cualquier inglés en el sur. El general, creyendo que un poco de vino calmaría los ánimos, autorizó el festín. Lo que siguió fue digno de sainete: soldados tambaleándose...

Un Viaje por Gigonza, Rosa Celeste y San Telmo: Los Encantadores Balnearios de Jerez

 

El poder del agua


Un Viaje por Gigonza, Rosa Celeste y San Telmo: Los Encantadores Balnearios de Jerez


Hay capítulos de la historia de Jerez que parecen sacados de un libro de viajes romántico. Uno de ellos es el de los balnearios que, entre los siglos XIX y principios del XX, hicieron de nuestras tierras un lugar donde la salud, la moda y la vida social se daban la mano. Cuando Europa entera descubría las virtudes del termalismo, aquí también brotaban manantiales que prometían alivio para el cuerpo y el espíritu.

Hoy, al pasear por ciertas zonas de la ciudad, cuesta imaginar que allí hubo jardines perfumados, baños con azulejos relucientes, tertulias al piano y aguas “milagrosas” con olor a azufre. Sin embargo, los nombres de Gigonza, Rosa Celeste y San Telmo nos devuelven a ese tiempo en el que Jerez quiso ser también tierra de balnearios.


Gigonza: aguas junto al castillo

ejemplo castillo


A poco más de veinte kilómetros de Jerez, camino de San José del Valle, se alza todavía el castillo de Gigonza, una fortaleza de origen medieval que durante siglos sirvió de defensa frente a incursiones nazaríes. Pero lo que muchos no saben es que en el siglo XIX sus alrededores también fueron conocidos por sus aguas termales.

Bajo el amparo de la familia Ponce de León, que lo habitó desde finales del XV, se habilitó allí un pequeño balneario que aprovechaba manantiales de la zona. No era tan lujoso como otros, pero combinaba la historia militar de sus muros con la promesa de un agua sanadora. Hoy queda sobre todo la memoria, unida a la majestuosidad del castillo.

Rosa Celeste: el hallazgo fortuito

El balneario de Rosa Celeste nació de pura casualidad. A mediados del siglo XIX, un labrador que trabajaba una finca en el pago de la Canaleta, al excavar un pozo para regadío, encontró un agua cristalina… pero con un fuerte olor a huevos podridos. Las plantas no crecían bien con ella, se cubrían de un polvillo blanco, y aquello despertó la curiosidad.


Aguas termales


Pronto se descubrió que el agua era sulfurosa y tenía propiedades terapéuticas. El propietario de la finca, Manuel Ponce de León, reunió a médicos de la ciudad para estudiarla. El resultado fue la creación de un balneario elegante y muy bien dotado: amplios salones, galerías con columnas de hierro, habitaciones privadas, baños con vistosos azulejos y piscinas separadas para damas y caballeros.

Acudir a Rosa Celeste no era solo un tratamiento de salud; también era un acontecimiento social, un espacio de descanso en el que la ciencia y la vida urbana se encontraban.

San Telmo: el esplendor termal de Jerez



Decoración de la época



Si Rosa Celeste fue elegante, el balneario de San Telmo fue el gran orgullo termal de la ciudad. Levantado a finales del XIX en los Llanos de la Brea por iniciativa del marqués de Bonanza, Manuel Críspulo González Soto, ocupaba más de 30.000 metros cuadrados. En 1899, una Real Orden declaró sus aguas de “utilidad pública”.

El agua manaba de un pozo profundo, con un caudal abundante y un olor sulfuroso que, aunque al principio provocaba recelos, se convirtió en su sello de identidad. Ricas en sales y minerales, se usaban en baños completos y parciales, duchas, inhalaciones, gargarismos e incluso como bebida medicinal. Se recomendaban especialmente para dolencias de la piel, reumatismos y afecciones nerviosas.


Un lugar para sanar… y para vivir

San Telmo no era solo un centro médico: era un verdadero espacio social. Sus jardines y terrazas acogían tertulias, conciertos al piano, veladas iluminadas con farolillos chinescos e incluso animadas “buñoladas” que reunían a familias enteras. Había dos secciones: una más lujosa para quienes podían pagar, y otra más sencilla y gratuita para quienes no tenían recursos. Esa mezcla de negocio y compromiso social lo convirtió en un lugar muy especial.

El inevitable declive

El esplendor de San Telmo, sin embargo, fue breve. Hacia 1911 cerró sus puertas, superado por los nuevos gustos —los baños de mar ganaban terreno— y por dificultades económicas. En décadas posteriores, sus edificios sirvieron como refugio de damnificados por inundaciones o como albergue, hasta que en los años 60 acabó demolido. Hoy apenas queda el recuerdo, aunque todavía hay vecinos que evocan su olor característico y sus fiestas.


Balneario de la época

Tres balnearios, un mismo legado

Gigonza, Rosa Celeste y San Telmo fueron tres maneras distintas de entender el termalismo en Jerez. Cada uno con sus virtudes, sus limitaciones y su tiempo, pero todos compartiendo un mismo espíritu: el de aprovechar la riqueza de las aguas para curar y para crear espacios de convivencia.

Recordarlos hoy es recuperar un Jerez más íntimo, más humano, que buscaba salud en los manantiales y que supo convertir la ciencia en vida social. Es, en definitiva, un recordatorio de que nuestra historia no solo se escribe con bodegas y caballos, sino también con aguas que un día brotaron como promesa de bienestar.


Efemérides termales de Jerez

  • Siglo XV → Los Ponce de León heredan y ocupan el castillo de Gigonza.

  • Mediados del XIX → Se descubre el manantial de Rosa Celeste al excavar un pozo en la Canaleta.

  • Década de 1860-70 → Rosa Celeste se convierte en un balneario de prestigio local.

  • 1899 (27 de julio) → Una Real Orden declara de “utilidad pública” las aguas de San Telmo.

  • 1908 → Cesa el prestigioso director médico Joaquín Aleixandre en San Telmo.

  • 1911 → Cierre del balneario de San Telmo.

  • Décadas de 1940-50 → Las instalaciones se usan como refugio tras inundaciones.

  • Años 60 → Demolición del edificio de San Telmo.




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